Me he cansado de correr. De ir de un lado a otro para intentar estar en todos.

Me he cansado de estar, de querer ser omnipresente.

Y no llegar bien. Porque corriendo me pierdo parte de la esencia, y a lo mejor ahí está el aprendizaje: en priorizar.

Saber qué es necesario y qué no lo es tanto.

A veces, todo fluye. Otras, no.

¿Volver a elegir?

Quizás la solución no está en ninguna de las dos, quizás la solución sea no ir.

¿Qué pasaría si no voy?

Por primera vez en seis años me he hecho esta pregunta.Siempre he movido cielo y tierra para estar, y la verdad… tampoco es necesario tanto esfuerzo.

Y tampoco es necesario tener que elegir.

Elijo quedarme y estar donde estoy.

Si no fluye, es que a lo mejor la vida me está diciendo que empiece a elegirme a mí, y a priorizar.

Primera decisión.

Y sin prisas, me siento.

No hace falta ir.

 

A veces estamos tan acostumbrados a llegar a todo que no nos damos cuenta que a lo mejor necesitamos parar y pensar si realmente es necesario.

Hoy mi aprendizaje es ese, y por lo menos me he dado cuenta de que, a lo mejor, hay cosas que no merecen la pena tanto esfuerzo. Porque no pasa nada si no estoy, y porque aunque quiera estar en todos los sitios que quiero estar, a lo mejor no es necesario.

Darme cuenta me ha abierto un nuevo mundo: puede que no haga falta ir.

Porque, al fin y al cabo, muchas veces la responsabilidad y la importancia sólo está en nuestra cabeza. Y cuando no está en nuestra mano, pero sí en otra y a la otra no le parece importante… será que no lo es.

No es necesario malgastar esfuerzos y energía en sitios innecesarios.

Si tiene que ser, será.

Esto también.

 

Feliz día,

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