Parece un laberinto, pero no lo es.

Hay varios caminos que llevan, quizás, al mismo sitio. Todavía no sé cuál es la mejor salida de todas. La más fácil está aquí, a dos pasos de mí.

Es la más fácil, pero no la mejor. Sé a dónde me lleva, y no me gusta ese sitio.

Las otras son más difíciles, y ni siquiera sé el camino… ¿Y si ningún camino lleva a los sitios que yo creo que llevan?

Y ahí estoy, pensando.

¿Cuál es la mejor salida?

Decido sentarme y esperar. Contemplo todas las salidas, y la más fácil cada vez estoy más convencida de que no quiero ir a través de ella.

Las otras… de las otras no sé cuál es la mejor.

¿Y si empiezo a andar?

Quizás, caminando, la mejor salida se aclare ante mí… Y encuentre el camino que lleva a donde quiero ir.

Otro contratiempo.

Ahora ya no recuerdo dónde quería ir.

Voy a dar un paseo, mientras disfruto de la naturaleza, abrazo árboles y escucho el sonido de los pájaros y las hojas moverse…

Me absorbo tanto en todas estas sensaciones que no he sido consciente de a dónde he llegado.

Allí está.

La mejor salida está allí. No sé hacia dónde va, pero la he encontrado.

Sonrío.

Gracias, vida.

Texto escrito por Tere González Buetas © Si quieres compartirlo, estupendo, pero siempre citándome a mí. Gracias 🙂

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