Hace un tiempo leí una frase en la que se decía que había que agradecer a la gota que había colmado el vaso, porque era lo que había producido el cambio.

No he llegado al punto de saber agradecer esa gota, quizás porque todavía no he traspasado la barrera dolorosa de ese cambio.

Pero sí creo que detrás de todo proceso doloroso, detrás de todo derrumbamiento, existe un aprendizaje. Y eso siempre tiene un fondo positivo, aunque haya dolido y quizás ese cambio no era algo con lo que contáramos.

Y creo que siempre hay una gota que lo desborda todo.

Quizás ese todo haya tardado en desbordarse muchos años porque el vaso tenía capacidad, o quizás el vaso se llenase pronto porque no la tenía.

Hace un tiempo hubiera escrito que la capacidad estaba relacionada con el amor al prójimo. Ahora sé que la capacidad nace del amor a uno mismo. A una misma.

Y desde ahí dentro podemos vaciar el vaso poco a poco para que sigan cayendo gotas, o podemos apartar nuestro vaso de ese grifo.

La diferencia de una gota a otra, quizás sólo esté en todas las gotas anteriores.

Y esa, la última gota, es la que lo desborda todo.

Y a partir de ahí… Todo lo demás.

Feliz vida,

Tere González Buetas

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