Los mejores silencios son los que callan porque no tienen nada bueno que decir.

Aquellos en los que te sumerges para no dañar, para no importunar… y aprendes que respetar al otro es respetarte a ti también. Ese es uno de los grandes aprendizajes de la vida.

Esos silencios que a veces cuesta tanto mantenerlos… porque necesitas expresar al mundo y a tu prójimo lo que opinas de él. Aunque él no quiera saberlo.

Si no tenemos nada bueno que decir, no digamos nada.

A lo mejor no es necesario.

Y a veces se nos olvida, sobretodo en este entorno virtual en el que parece que mostramos todo al mundo. Y no, seguimos sin mostrar más que una pequeña parte de nuestro día, de nuestra vida.

Que no son necesarios tantos juicios, críticas o enseñanzas.

Que la realidad es muy diversa a veces, y que cada uno tenemos la nuestra.

Que sólo vemos una mínima parte de los demás, y que a veces lo que vemos en los demás depende más de nuestra interpretación que de lo que ellos realmente están mostrando o quieren mostrar.

Que se dice siempre, pero que es verdad. Que hablamos de blanco o negro, pero sólo son diferentes colores, diferentes formas de ver lo que estemos viendo. Aunque parezca lo mismo, quizás no lo sea.

Quizás conectando con la persona que escribe o habla… consigamos entenderla un poquito mejor. Que a veces vemos lo que no hay, y escuchamos lo que nadie ha dicho.

El respeto y la empatía casi siempre es la solución.

Feliz vida,

Tere González Buetas

Pin It on Pinterest

Share This