Me gusta esa metáfora del tren, la que vincula a la vida con un viaje en tren, con sus paradas, con los compañeros de viaje… Los que están cuando empezamos nuestro viaje.

Los que nos acompañan desde siempre… pero al final se bajan porque su viaje termina.

Los que nos acompañan durante los primeros años del trayecto, pero luego, por un motivo u otro, se bajan.

Los que están en nuestro mismo vagón, pero no junto a nosotros.

Los que nos hacen el camino agradable.

Los que nos hacen reír.

Los que nos hacen llorar.

Los que permanecen a nuestro lado, pero deseamos que no estén.

Incluso a veces me imagino cómo somos nosotros quienes nos movemos de vagón, porque buscamos un nuevo sitio, mejor, con mejores vistas, alejados de aquellas personas que sentimos que no son buenos compañeros de viaje.

En este tren de la vida viajamos acompañados, a veces más contentos y otras menos.

Sentimos cuando el viaje de otros termina y sabemos que nunca más volverá a coger este tren.

Y sentimos cuando grandes compañeros de viaje tienen que cambiar de tren porque su parada ha llegado. Quizás nos volvamos a encontrar en algún tramo del camino. O quizás no.

Todavía no lo sabemos.

Será la vida quien nos sorprenda.

Porque a veces, de repente, alguien entra en el mismo vagón otra vez… Y es maravilloso porque todos los recuerdos afloran. Y quizás sintamos la misma conexión, o mejor que en el tramo pasado del trayecto que compartimos.

O quizás no sintamos conexión.

Quizás se quede durante mucho tramo.

O quizás marche en la siguiente parada.

Compartir el tren con esta ida y venida de personas que nos acompañan y a las que, a veces, nos aferramos y no queremos soltar.

Pero la vida es esto. Nuestro viaje es este.

Aprender a soltar y ser feliz, abriéndonos a las nuevas personas, a los nuevos momentos.

Cuando me imagino mi viaje, me observo en un vagón acompañada de menos personas que antes, pero personas que hacen que mi viaje sea mejor.

Todavía están las dos personas que me acogieron al llegar a ese vagón, las dos personas que desearon que llegara y me cogieron en brazos para llenarme de amor.

Cuando me veo en este viaje puedo observarme de la mano de la persona que apareció en el vagón para acompañarme hace ya más de veinte años. Decidimos continuar el resto del viaje juntos, y trabajamos sueños y personas que hoy nos acompañan en este vagón.

Llenamos nuestro vagón de risas, amor y familia, con nuestros dos hijos, que llegaron a nuestro vagón para hacer el viaje más entretenido, divertido y agotador a veces.

Y cuando pienso en este viaje siento miedo pero a la vez gratitud por lo que todavía tengo.

A veces me gusta ponerme los auriculares, mirar por la ventanilla y perderme entre el paisaje y la música.

Momentos de conexión conmigo en un viaje tan largo y corto a la vez, tan duro y maravilloso, tan abrupto y suave… Sigo viajando.

Feliz día y feliz vida,

Tere González Buetas

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