Cuando en septiembre de 2011 diagnosticaron que mi hijo venía al mundo con los pies zambos, obtuve muy poca información.

No desesperé porque confié en mí, en mi hijo y en lo que nos decían los ginecólogos… que los pies zambos se corregían.

Y en ese momento, tanto mi marido como yo, nos aferramos a esa esperanza. Nos aferramos a nuestro hijo, que crecía en mi vientre.

Pero nos hizo falta mucha información.

Cuando nació, todo fue rápido. Y al largo y duro parto se añadió un posparto también duro. No voy a entrar en esos detalles, porque este no es el sitio, pero sí tengo que decir que nos siguió faltando información.

Durante sus primeros años de vida viví volcada en él y en mi otro pequeñín, que nació veintidós meses después.

Y fue entonces, cuando creí que su proceso ya estaba en la recta final, cuando me sentí con fuerzas suficientes para afrontar un reto: crear un blog para explicar nuestro proceso y ayudar a otros papás que estuvieran en nuestra misma situación. Eso fue en mayo de 2015.

Poco a poco el blog empezó a cumplir su función.

Contactaban conmigo padres con dudas, miedos e inquietudes, y yo les ayudaba en lo que podía. Todo evolucionó hasta crear un grupo privado en Facebook, en el que puedo presumir de un maravilloso clima de armonía y ayuda. Y del que yo me he nutrido cuando lo he necesitado, porque mi hijo sufrió una recidiva al cumplir los cuatro años de edad y me ayudaron mucho durante ese durísimo proceso.

Y entonces empecé a fraguar una ilusión… crear un cuento que diera visibilidad a los pies zambos, crear un cuento para mi hijo y para todos los niños con pies zambos que no entienden muchas fases de su corrección. Y esa ilusión fue tomando forma hasta que llegó el momento.

Por eso lo hice: por mí.

Porque escribir me apasiona, y porque este proyecto implicaba un acto maravilloso en algo en lo que llevo años poniendo más que tiempo: corazón.

Y con ese corazón, con todo ese amor, toda esa ilusión… puse mucho tiempo, mucho esfuerzo, mucho miedo y mucho dinero. Más, quizás, de lo que debería haber puesto. Pero era mi proyecto.

Y por este proyecto he llorado, pero también me ha llenado infinitamente… Y me ha traído a personas maravillosas.

Pero me quedo con lo bueno, con esas personas que siempre están a mi lado, las que no dejan que me caiga, las que me sujetan cuando estoy a punto de caerme y no dejan que me rinda, las personas que creen en mí, y en mi proyecto… Las que me quieren. Esas personas que han estado siempre en mi vida, otras ya casi siempre y otras llegaron hace menos pero me han demostrado su cariño y lealtad.

En definitiva, la vida es eso… personas en el camino, momentos.

Y con eso me quedo.

Sí, por eso lo hice… porque estaba en mi camino crear este libro. Y, aunque, quizás a mi hijo ya no le sirva lo que le hubiera servido antes, sé que a muchos niños sí lo hará.

Y por eso también lo hice… por ellos. Por los niños con pies zambos. Y por esos otros… los que no tienen un diagnóstico tan «fácil», los que tienen que luchar guerras mucho más duras.

Por todo eso lo he hecho. Y gracias a todas esas personas lo he conseguido.

Gracias infinitas… siempre.

Tere

Si quieres más información sobre el cuento o comprarlo sólo tienes que pinchar en este enlace: Cuento benéfico «La fuerza de mis pies»

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